Jeanina en el País de las Maravillas

Apuntado por *°·.¸¸.° Heidy °·.¸¸.°* | 3/23/2009 02:02:00 p. m. | , , , , , | 12 comentaron »

Será que la señora Del Vecchio todavía sigue durmiendo y ahora sueña que está en El País de las Maravillas??

Ayer en La Nación salió un reportaje sobres las maravillas que habló Del Vecchio en CNN (ver el video) a cerca de la seguridad de CR y asegurando que no hay corrupción policiaca.

Dice la nota periodistica: "Entre otras afirmaciones, la funcionaria aseguró que la corrupción “no ha permeado” en la policía local, a pesar de que hay centenares de denuncias contra oficiales de la Fuerza Pública". Esa señora no tiene la más minima idea de lo que sucede en su dependencia, tal parece que simplemente está sentada en su cómoda oficina y ni siquiera lee informes ni nada, solo está de adorno!! 

Hace unos cuantos post atrás , transcribí la denuncia que una amiga mía hizo sobre la corrupción policial que se vive en Cariari de Pococí. Es un secreto a voces que los policías de ese sector estan demasiado contaminados por la corrupción. Esa es solo una muestra de que la corrupción ha carcomido aun a los sectores policiales.

Entonces: Quien está mintiendo? Los ciudadadanos que tenemos que vivir día a dia de cara a la violencia, o la Del Vecchio??

Que me digan en que país vive esa señora, por que en mi querida Tiquicia, no se puede andar por la calle ni de día ni de noche.

A esta Maestrita se le olvidó el "pequeñisimo" detalle de que hay 600 expedientes abiertos en contra de policías acusados por corrupción. Que mejor se regrese a las aulas, por que se seguridad no sabe ni pizca, y mucho menos sabe donde está parada. 

Alguien que le consiga a esta señora una buena dosis de "Ubicatex" !!!!

Realidad social de muchos… Mediocridad, fanatismo y la responsabilidad de otros…

Apuntado por *°·.¸¸.° Heidy °·.¸¸.°* | 3/05/2009 10:24:00 a. m. | 1 comentaron »

Realidad social de muchos… Mediocridad, fanatismo y la responsabilidad de otros…
de Alexander Hernández Camacho

Recientemente debí llevar a mi hijo de 4 años al servicio de Emergencias del Hospital Max Peralta de Cartago y siendo que, afortunadamente, casi nunca he tenido que hacer uso de estos servicios,  agradecí profundamente a Dios muchas cosas que suelen pasar inadvertidas y hasta se habían vuelto rutina, como la oportunidad de contar con un trabajo y un patrono que paga puntualmente las cuotas obrera y patronal y por supuesto, la dicha de contar con  una salud maravillosa.

Como vivo pensando sobre qué escribir para este maravilloso espacio radial,  se me presentó la oportunidad de  observar cosas que al instante hicieron brotar estas palabras que hoy les comparto y que pretenden llevar una voz  de auxilio y de reflexión.

En primera instancia,  quisiera destacar la mística con que  trabajan la mayoría de médicos, enfermeras, técnicos en salud, la conserje y el oficial de turno de ese hospital y supongo que de la mayoría.   En un espacio limitado y en instalaciones deterioradas por el paso de los años sin un adecuado plan de mantenimiento.

En triste contraste; sin embargo,  brotaron las interrogantes más elementales: ¿Cómo es que en este hospital,  la sala de observación pediátrica está al frente de una sala de personas aisladas,  cuya puerta permanece abierta y separadas únicamente de un estrecho pasillo? ¿Cómo es que un joven de 16 años,  vecino de Río Azul,  herido en un accidente en motocicleta,  está allí postrado más de 2 días, en el pasillo a la salida de esa sala de “aislados” y con fracturas esperando una cirugía?  ¿Cómo una indígena panameña embarazada, permanece allí un día entero con su hijo y una fractura en su pie,  producto de una caída mientras cogía café en las montañas de Tarrazú?

Es posible, que estas experiencias de vida sean cosa común en todos los hospitales públicos y en otras muchas instituciones,  pero  no tiene porqué cumplirse el refrán aquel de que el mal de muchos sean el consuelo de tontos.  Debemos poner coto a estas realidades y debemos transformar lo actuado mal y transformarlo;  debemos aprovechar lo bueno y replicarlo en todas las instituciones.

A esta realidad de necesidades,  debe imponerse con contundencia el uso del sentido común y deben obligar a los que tengan que hacerlo,  a asumir de una vez las responsabilidades por las cuales se les paga un salario. 
Claro.  Hay otras realidades más tristes y repugnantes.  Son por suerte de unos pocos, pero además de producir dolor en el alma lo hacen a uno invocar la paciencia divina para no llenarse de otros sentimientos menos positivos. 

Es la realidad de ese dirigente sindical que se deja decir que se han venido preparando para una confrontación sin precedentes en Limón.  Es la de realidad de un fanático que intenta imponer su ya añeja ideología importada de algún país suramericano o de una isla caribeña y que intenta proteger a toda costa el usurpador relajo disfrazado en una convención colectiva inmoral y retrógrada.

Es esa desilusión que produce escuchar a una  diputada,  diciendo que los requerimientos de la nueva de ley de tránsito son de un país de primer mundo y que vivimos en un país de tercer mundo.  ¿Será que algunos de nuestros diputados son seguidores al pie de la letra de ese otro refrán que reza que “el que nació para maseta del corredor no pasa?

Por último,  decepciona en gran medida que algunos funcionarios públicos se burlen de la inteligencia de la gente,  cuando sin ningún reparo, hablan de amnesias y atragantamientos que les impiden recordar aquellos actos sobre los cuales se les pide que rindan explicaciones.

Don Oscar Arias suele decir con gran tino,  que gobernar es educar.  Creo que deben algunos funcionarios escucharlo con más atención y emular algunas de sus acciones.  Será en ese momento cuando la autoridad formal que se les ha asignado,  les hará también entender que por principio de vida,  la responsabilidad no se delega.  Esa siempre se asume,  se ejecuta,  se impone.

Que la realidad social de muchos toque al fin los corazones de esos fanáticos y mediocres y que el maravilloso principio de la responsabilidad mueva a otros a asumirla con mucha valentía pero ante todo con algo de vergüenza.

Tomado de  http://www.canara.org